¿Por qué se llama Fundación Concha de Coco?

Un noviembre (2005), vi la suerte de una semilla que flotó y ancló humedecida en la arena escarchada. El episodio resumió el viaje de un coco que, gracias a las fibras de su concha, pudo viajar mil olas desde otro extremo del trópico.

Por naturaleza, estaba protegido de ser pan de bestias oceánicas, del vasto sol y de la corrosiva sal marina.

Me importó su destino cuando comprendí que dentro de él se encerraba paciente el germen de una palma, esperando tierra firme para echar raíz y crecer cocotero, como el que da largas sombras y abanica el viento.

Entonces lo vi como a un niño o niña, cuyo crecimiento peligra ante la ausencia de una concha de coco que amortigüe los daños externos, que son peores que un naufragio o que una playa sin palmas.

(C. Agudelo)

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